La revisión de gas en una vivienda alquilada en España y quién la paga

Cada cinco años llega una carta de la distribuidora al buzón. Muchos inquilinos la ignoran hasta que la caldera deja de dar agua caliente, y entonces empieza la discusión sobre de quién es el problema.

Qué es en realidad la revisión quinquenal

Las instalaciones de gas natural en las viviendas españolas pasan una inspección periódica cada cinco años. La norma viene del Reglamento de gas, Real Decreto 919/2006, y se aplica a la instalación dentro de la vivienda, no solo a la caldera. Un instalador autorizado revisa las tuberías, la llave de corte, la ventilación y la combustión de cada aparato, y emite un certificado con el resultado.

Normalmente la distribuidora envía el aviso y la visita se concierta con la empresa que tiene el contrato de mantenimiento. Si nadie responde, la carta vuelve. No es una estafa, aunque el texto lo parezca. El certificado es un documento fino con el número de instalador, la fecha, los aparatos revisados y los defectos encontrados.

Quién responde legalmente

El artículo 21 de la Ley de Arrendamientos Urbanos deja en manos del propietario la estructura y las instalaciones de la vivienda. Una conducción de gas, el conducto de evacuación y la caldera son instalaciones. La inspección obligatoria cada cinco años corresponde por tanto al arrendador, igual que la reparación de lo que la revisión marque como peligroso. Una cláusula que diga que el inquilino se ocupa de todo el mantenimiento no mueve esa obligación, aunque sí puede trasladar lo pequeño, como el servicio anual de la caldera.

Un detalle práctico. El contrato de suministro de gas suele estar a nombre del inquilino, porque los suministros se cambian al empezar el alquiler. En ese caso el cargo de la revisión puede aparecer en la factura, normalmente entre 45 y 70 euros más IVA, y el inquilino lo paga sin darse cuenta. Pide el certificado y guarda una copia. Si la visita la organizó el propietario, la factura es suya.

Cuando la instalación no pasa

Los defectos se clasifican. Uno leve tiene plazo. Uno grave supone cortar el aparato o la conducción hasta repararlo, y el instalador deja una pegatina en la caldera. Los muy graves pueden cortar el suministro de toda la vivienda. Lo sabrás porque se acaba el agua caliente y la placa de la cocina no enciende.

La reparación no es tu factura. Envía el informe al propietario o a la agencia el mismo día, por escrito y con foto de la pegatina. Sigue pagando la renta. Retener la renta para forzar una reparación es lo que convierte un caso claro en un lío, y en Cataluña te puede costar la fianza y el pleito.

Si el propietario desaparece, la distribuidora y el ayuntamiento son los siguientes pasos. Una fuga o olor a gas es otra cosa: cierra la llave, abre las ventanas, no toques ningún interruptor, llama al teléfono de urgencias de la distribuidora o al 112 desde fuera de la vivienda. La llamada es gratuita y vienen.

El piso de butano

Muchos pisos antiguos de Barcelona y de los pueblos del Maresme siguen con bombona de butano para la cocina y a veces para el calentador. El régimen de inspección quinquenal está pensado para el gas canalizado, así que un piso de butano puede no recibir nunca la carta. Eso no lo hace más seguro. Mira la fecha de la goma, el regulador y si la bombona está en un sitio ventilado y lejos de la caldera. Una goma dura o agrietada es un recambio barato y un riesgo tonto de mantener.

Qué comprobar antes de firmar

Pide el último certificado de gas, no una promesa de que existe. La fecha te dice si los cinco años están a punto de vencer. Mira la placa de la caldera para el año y el modelo, porque un aparato de 20 años que hoy pasa puede fallar en marzo. Localiza la llave de corte, suele estar cerca del contador o bajo la placa, y comprueba que puedes girarla. Mira que las rejillas de ventilación de la cocina y del cuarto de caldera estén abiertas y no pintadas.

Un detector de monóxido de carbono cuesta entre 20 y 40 euros y se coloca en diez minutos. En España no es obligatorio en una vivienda alquilada. Por eso mismo vale la pena comprarlo. Ponlo cerca de los dormitorios, no al lado de la caldera, donde saltará cada vez que arranque el quemador.

Si el propietario se retrasa

Escribe una vez, claro y con fechas. Un burofax cuesta entre 20 y 30 euros y cambia el tono de la conversación porque deja rastro certificado. Si hay peligro real y no hay respuesta, el ayuntamiento puede inspeccionar la vivienda y la distribuidora tiene su propia obligación de proteger la red. En Cataluña la Agència de l'Habitatge también orienta sobre habitabilidad, aunque no manda un fontanero.

El tema es aburrido hasta que es urgente. Un piso con certificado en vigor, una caldera de menos de diez años y un detector en el pasillo es otro producto que uno donde los papeles se pararon en 2016. En los pueblos de Alella y Cabrils, donde muchas casas van con gasóleo o butano en vez de gas canalizado, merece la pena preguntarlo en la visita y no en diciembre.

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