Nadie elige una casa por la alarma. Pero en las urbanizaciones sobre Alella, Cabrils y Llavaneres, una casa vacía de nueve a siete es exactamente lo que busca cierto tipo de visita. La buena noticia es que casi toda la defensa es aburrida y barata.
Los Mossos publicaron un balance semestral de 2026 con 266.197 delitos en Cataluña, unos 21.941 menos que en el mismo periodo de 2025, y los delitos contra el patrimonio bajaron a 172.936 casos. Los robos con fuerza en viviendas cayeron alrededor de un 9,5% en el primer trimestre respecto al año anterior. La tendencia mejora de verdad.
El patrón detrás del número no ha cambiado. En octubre de 2026 los Mossos y la Guardia Civil desarticularon dos grupos especializados en viviendas unifamiliares en Cataluña y Madrid, ocho detenidos, y la descripción del método es la que aquí los propietarios se saben de memoria: trabajar una urbanización tres o cuatro días, ver qué casas se vacían por la mañana, entrar de mañana o de tarde y salir antes de que vuelva nadie.
Una alarma con centralita en España cuesta aproximadamente 19,90–55 € al mes, con la mayor parte del mercado en 40–50 € cuando acaba la promoción del primer año. La instalación, cuando se cobra aparte, va de 100 a 350 €: Habitissimo da unos 200 € para un piso y 350 € para una casa unifamiliar. Los kits sin cuota cuestan 80–400 € y nunca llaman a nadie a las tres de la mañana, que es exactamente para lo que sirve una alarma.
Si la villa ya tiene sistema, lee el contrato antes de encariñarte. Hay tres arreglos habituales: el propietario mantiene el contrato y te pasa la cuota como parte de la renta, lo mantiene y lo paga porque lo exige el seguro, o el sistema está muerto y nadie ha cancelado el contrato. Pregunta cuál es el caso y pide la última factura.
Si quieres instalar una tú, recuerda que el panel, los sensores y la sirena son elementos fijos. El artículo 23 de la LAU exige consentimiento escrito del propietario. Decide de antemano quién se queda el hardware cuando te vayas, porque el contrato de centralita suele ser personal y no viaja a la siguiente casa.
Una cámara que cubre tu portal y tu entrada no tiene problema. Una cámara que capta la acera, la piscina del vecino o la calle privada de la urbanización es un asunto de protección de datos bajo la LOPDGDD, y en una comunidad cerrada la calle suele ser propiedad privada de la asociación, así que la cámara también es asunto comunitario. Oriéntala dentro de la parcela y, si grabas, pon el cartel informativo pequeño.
Los videoporteros con cámara entran en la misma categoría. En un piso, la puerta da a un rellano compartido, que es elemento común; en una villa unifamiliar el portal es tuyo, lo que facilita las cosas. En cualquier caso, la cara del vecino es un dato personal.
El seguro de contenido cubre el robo, pero las condiciones importan más que el precio: hay que probar la fuerza en el acceso, los objetos de valor suelen tener sublimite y algunas pólizas reducen la cobertura si la alarma declarada no está conectada. Si llegas con una bici de 4.000 € o una colección de relojes, decláralos aparte en vez de descubrir el sublimite después.
Una urbanización cerrada vende tranquilidad y a veces es real: portal con vigilante, coche de ronda, cámara en la entrada. Pide ver el contrato de seguridad y su horario. Un portal que queda abierto desde las ocho porque el jardinero lo calzó no es un portal, y la mitad de las calles de Supermaresme o Sant Berger son privadas y el ayuntamiento no las ilumina ni las patrulla.
Sabemos qué urbanizaciones tienen contrato de vigilancia real y cuáles tienen un portal y un cartel. Pregúntanos cómo es la seguridad de verdad en la calle que estás mirando.
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